¿Hay vida antes de la muerte? Aprende a vivir con presencia

Cuento: “¿Hay vida antes de la muerte?”

(inspirado en Anthony de Mello)

Había una vez un maestro al que siempre le hacían la misma pregunta:

— Maestro, ¿hay vida después de la muerte?

Y el maestro sonreía…
pero nunca respondía.

Un día, uno de sus discípulos, cansado de la evasiva, le dijo:

— ¿Por qué nunca contestas? Todos quieren saberlo.

El maestro lo miró con calma y preguntó:

— ¿Has observado quiénes hacen más esa pregunta?

— Personas con miedo —respondió el discípulo.
— Personas que no quieren que todo termine.

El maestro asintió suavemente:

— Exacto. Son personas que no saben qué hacer con esta vida…
y aun así les preocupa si habrá otra.

Hubo un silencio largo.

Entonces el discípulo insistió:

— Pero al menos respóndeme a mi, maestro…
¿hay vida después de la muerte?

Y el maestro respondió:

— Esa no es la pregunta importante.
La verdadera pregunta es:
¿hay vida antes de la muerte?

— ¿Cómo que si hay vida antes? —dijo el discípulo—. Claro que hay.

El maestro sonrió:

— Entonces dime…
¿estás presente cuando comes?
¿estás presente cuando amas?
¿estás presente cuando te duele algo?
¿o solo estás pensando en lo siguiente?

El discípulo no supo qué contestar.

El maestro concluyó:

— Cuando aprendas a estar aquí,
no necesitarás preocuparte por lo que vendrá después.
Porque ya estarás viviendo.

Durante años, al pensar en la muerte, me inundaba un gran vacío. Ya siendo niña era un pensamiento que me atormentaba. Tormento probablemente heredado de mi madre. La angustia se adueñaba de mi control. ¿Nunca más iba a ver a mis padres, ni a mis amigos? Y ¿Qué iba a ser de mis muñecas?

Enseguida notaba cómo la respiración se entrecortaba y buscaba cualquier distracción para ocupar mi mente en otra tarea que no fuera la de pensar: ¿Qué sentido tiene vivir para luego morir y perderlo todo?

Resulta irónico ahora, siendo consciente al escribir, cómo ya desde niña, con apenas 10 años, abría camino a lo que he vuelto 22 años después, tratar de encontrarle el sentido a la vida.

Igual de irónico que nos torture la incertidumbre de no saber que hay al cruzar la línea de la vida. Que nos torture la idea de morir, cuando vagamos por nuestra vida como zombis, desvalidos de consciencia.

Evadiéndonos de la realidad. Funcionando en automático. Repitiendo por inercia patrones, hábitos y comportamientos.
Los mismos que nos mantienen estancados donde estamos.
Da igual si estamos bien, mal… o si podríamos vivir mucho mejor.

La cuestión es la de siempre. Es más fácil preocuparte por lo que vendrá, porque así evitas ocuparte de lo que hay.

Pero al esquivar lo que hay no solo estás ganando la propina de ahorrarte el esfuerzo de cambiar. También estás perdiendo la fortuna de vivir.

De estar presente en un amanecer.

Un abrazo.

Un café.

Una mirada.

Porque ahí está la vida.

Si, yo también me he preguntado si al morir, de alguna forma, seguimos estando aquí.  Pero he visto que no puedo llegar a la verdad en la respuesta y he optado por cambiar la pregunta.

Hoy ya no me pregunto qué pasará cuando muera.
Me pregunto cada día si estoy viviendo de verdad.

Posiblemente el problema nunca fue la muerte.
El verdadero problema es que llevamos años sin estar realmente vivos.

Noemi Martínez.


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